A una mujer no se le pega ni con una flor

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A una mujer no se le pega ni con una flor

Con esta máxima me he educado y en algún momento hizo que me sintiera culpable por expresar mi malestar y mi rabia ante ciertos abusos, algunos de ellos ejercidos por mujeres. Al mismo tiempo me ayudó a ir diferenciando entre una rabia sana y necesaria que protege y cuida de los indefensos, de una violencia que se aprovecha de ellos y los utiliza como objetos.

Me he criado en un entorno familiar ligeramente menos machista que la sociedad española en la que estaba inmerso. Desde mi atalaya infantil podía ver cómo tanto la mujer como el hombre, el niño y la niña, eran menospreciados o discriminados por sus cualidades de género. Y también claro, vi como el pequeño era abusado por el mayor. Es decir, el “falso poder”, llevara falda o pantalón, fuera niño o adulto, ejercía violencia activa o pasiva con el mismo fin: dominar y hacerse con el control.

Recientemente estuve en la hermosa presentación de un libro necesario para fomentar el cambio de consciencia sobre los abusos sufridos por el pueblo y las mujeres mapuche – más info –. Me pareció que había cierta confusión entre el significado de lucha y revolución, y creo que el recurso semántico puede ayudarnos a entender algo vital respecto al feminismo y al machismo. Para mí, la palabra lucha evoca confrontación, pelea, violencia y sufrimiento. En cambio, el término revolución despierta el ánimo del cambio consciente y porque no, respetuoso. Hoy en este caso, el motín con fuerza firme, activa y vital de la insumisión ante el padecimiento innecesario de las mujeres oprimidas, ignoradas y despreciadas. Por eso pienso que este 8 de marzo “día internacional de la mujer” es un excelente motivo para rebelarse contra un sistema de pensamiento opresor y déspota, en este caso con las mujeres.

Ahora bien, desde aquí, imploro como hombre, marido e hijo, que esta rebelión no sea contra los hombres, sino hacia las actitudes sexistas y hacia un tipo específico de paradigma tirano, humillante y patriarcal. (Ver post: La violencia no tiene sexo). 

La forma de utilizar el lenguaje puede ser el puente que nos ayude a cambiar un hábito, y así quizás, podamos transformar algunas ideas, y con la práctica, esto puede facilitar el abandono de la obsoleta retahíla de confrontación hombre-mujer.

Ahora vamos a jugar al “juego de las diferencias”:

“Eres una persona machista” vs “pienso que tienes una actitud machista”.
“Eres un abusador” vs “este comportamiento lo veo abusivo.
“Eres un hombre violento” vs “eso que dices me parece violento”.

Es evidente que estamos despertando individual y socialmente a la consciencia del principio divino femenino, como esencia generadora, amorosa, empática y cuidadora. Aspectos comúnmente más despiertos en mujeres, pero también muy destacados en hombres.

Y es que los hombres también sufrimos el acoso del machismo patriarcal en otras facetas, en ocasiones disfrazado de feminismo. Pues cualquier noble acontecimiento puede transformarse, si no estamos atentos a los rasgos del ego herido, en una excusa para justificar actos de violencia machista ejercidos por hombres o mujeres con lemas feministas. (Artículo: El infierno de los hombres “mal divorciados”). ¿O no es de sobra sabido que algunos partidos de futbol son usados por radicales acomplejados, para intentar justificar el racismo y la violencia?

Cuando usamos lo hermoso para causar daño a otros, o para que sientan lo que nosotras sufrimos, estamos violando el principio femenino que lo generó. Estamos convirtiéndonos en lo que nos dañó; una lamentable pérdida de principios. 

Si el cambio depende de la concienciación de la “masa crítica” que forma la sociedad, ¿porque atacamos a algunas de esas partes? ¿no es eso un boicot del cambio que busca el respeto? La lucha no fomenta la colaboración, sino las actitudes de autodefensa. Es algo muy obvio: no ataques a quien necesitas que te ayude.

Por tanto, son los hechos, las creencias o las actitudes, lo que hay que modificar, no erradicar a las personas, y menos a los hombres. Que triste es ver a grupos de madres solteras convencidas y retroalimentándose de que sólo existen los hombres que no aman a las mujeres. (Ver post: Cooperación vs competitividad en la relación de pareja).

Tod@s podemos esgrimir un “perspicaz” argumento que sirve como excusa y arma para atacar o humillar a un hombre o a una mujer. Por favor, que no sea algo tan hermoso como las cualidades que nos hacen únicos en nuestro género. No renunciemos a los atributos que nos hacen atractivos o bellos, poderosos o decididos, delicados o vulnerables, cariñosos o tiernos. Nuestras diferencias son hermosas y aprendemos todos de ellas. Colaboremos hacia el bien común e individual. Observemos nuestras diferencias y hagamos de ellas el amor y no la guerra.

Película recomendada: La Fuente de las Mujeres (The Source) – Tráiler oficial – 

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José Maroto Mingo
Psicólogo y Psicoterapeuta Transpersonal

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